Consumes lo divino
hasta que tus dedos comienzan a quemarse.
Y poco entiendes y nada importa.
Puedes sentir el peso de las hojas que vuelven a caer.
Logras oír a los árboles respirar
y es la música que te salva.
Las palabras enmudecen dejando caer lágrimas
sobre el verde césped de una plaza,
que supo estar menos sola.
Tres hojas bailan con el viento,
tejen formas en silencio
y son la luz del otoño.
Y poco entiendes y nada importa.
lunes, 21 de marzo de 2011
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