jueves, 31 de marzo de 2011
Día y Noche
Habito el silencio y me ofrezco a la noche, que tiende a aliviar las miserias del día. Recorro un libro que en un tiempo olvidé y vivo por un instante en sus versos finales. La luna descansa sobre los edificios revelando un cuadro que no encuentra adjetivos. Y yo una y otra vez me pregunto el porque de lo imposible, que no da tregua y mantiene en vela mi cuerpo. Pero pronto vago en el sueño de una música lejana y me pierdo frente a lo irreal que me consuela. Sabiendo siempre, que me tendrán consigo las primeras horas del sol en un mate temprano. Y a partir de allí estaré dispuesto a enfrentar, heroico y de pie, con mi espada que es el sueño, las primeras malditas verdades del día.
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