domingo, 25 de septiembre de 2011

Me descubro despacio amaneciendo soledades
en donde se demoran tercos pensamientos.
Otra vez un domingo casual nos encontrará
atravesando antiguas plazas y conversando veredas.
Renaciendo un profundo sentimiento
que parecía ya olvidado, pero que habita en el silencio
de cada una de nuestras vidas increíbles.

Cuando atardece y todo se aleja
nuestra piel se predispone para otra semana
repleta del vértigo, la rutina y el color de los días.
Cuando los últimos caprichos del sol,
dan paso a la reflexiva oscuridad de la noche.
Me detengo y en la vigilia comprendo
que todavía vivo en los brazos de esa amada ausencia.