Es una experiencia impactante entrar a cualquier sitio en donde un grupo de gente se encuentre de manera circunstancial y percibir una poderosa energía dueña del ambiente. Una energía presente que moldea nuestras conductas y comportamientos, conduciéndonos a actuar de determinadas maneras que tienden a ensimismar nos. Estoy haciendo mención específicamente sobre lugares que nos reúnen cotidianamente y en donde se nos impone la presencia de un otro. Lugares como transportes públicos, la vía pública, negocios, etc. que a diario frecuentamos para cumplir con fines específicos de nuestras rutinas diaria.
En primer lugar es evidente haciendo una observación que roza la generalización, que no somos capaces de advertir la presencia de otras personas, porque no somos capaces de establecer contacto alguno con ese otro desconocido. Nos encontramos sí, frecuentemente entablando contactos con "otros" que se nos presentan significantes, pero que no comparten el mismo lugar y que permanecen lejanos en términos físicos o geográficos, con quienes estamos conectados con el uso de celulares, notebook, iphone, tablets, etc. El uso de aparatos tecnológicos nos aplaca de cierta forma los sentidos y esto no nos permite estar atentos a cualquier eventualidad que se presente en el entorno donde en ese momento nos encontramos. Todo esto nos encierra en nosotros mismos y nos limita a cualquier posibilidad de contacto con ese otro anónimo insignificante, por ejemplo a cualquier ayuda que alguien pueda necesitar.
En segundo lugar, este hecho es una constante que se presenta sobre todo en el marco de los grandes centros urbanos, como el caso por ejemplo de Capital Federal. Va a ser difícil para mi olvidar la experiencia que una tarde viví al subirme a un colectivo de linea en la ciudad de Colonia Uruguay y ver como cada persona que entraba saludaba atenta al chofer, que le cobraba el boleto, y luego saludaba una por una a todas las personas que se encontraban viajando dentro del colectivo. Como de alguna forma estableciendo un vínculo instantáneo, diminuto, pero de una humanidad extrema con el otro.
Por otra parte, es posible afirmar que todo cuerpo puede ser leído como desprendido de una individualidad y conformado como cuerpo social. Es decir, que el lenguaje que percibimos en gestos, expresiones, posturas en los distintos cuerpos que visualizamos, puede estar indicándonos un hecho que se impone a la individualidad. No son solamente cuestiones biológicas, sino pre figuraciones que exceden lo individual y que nos hablan en términos sociales. Es impactante entrar a un Subte y encontrar dentro gente en posturas aferradas a sus pertenencias, controlando permanentemente sus objetos, y lanzando miradas de control hacia todo lo que lo rodea. Es realmente sorprendente observar tanta gente y casi ningún diálogo, apenas algún saludo, una queja compartida, o un comentario del clima.
Estamos ante una especia de energía que podemos denominar como Desconfianza, que como un hecho social nos rebalsa en tanto individuos. Es decir, pienso que no es algo que podamos cambiar o re direccionar de manera individual. Es muy interesante realizar el ejercicio de extrañarse y poder captar como en diferentes circunstancias nos encontramos arrastrados por esa energía implacable y nos sorprenderá ver como en ese "otro" anónimo, encontramos a un enemigo, la encarnación de un peligro que puede atentar contra nuestra individualidad.