miércoles, 27 de marzo de 2013

El Margen de la Historia

   En el margen de una página de la edición de 1670 de la Arithmetica  de Diofanto de Alejandría, que la historia y sus oscuras razones lo han declarado padre del álgebra, descansa el enigma de Fermat que por tantos siglos, con ingeniosa ironía, ha desvelado la conciencia de tantos hombres.
   Como si de demostraciones se fundara la verdad, el hombre se aventura a descifrar el Universo. Emprende un ambicioso camino de abstraccion y soledad con la incalculable esperanza de abarcar lo inabarcable, de descifrar lo indescifrable.
   ¿Habrá sabido Fermat las consecuencias que esas nobles lineas desencadenarían en la historia?. Posiblemente no, pero quizás nos esconden la posibilidad de concebir a la verdad como un camino, no como una meta. La verdad como ese margen que nunca nos alcanza.
 


Aquí las célebres palabras:

Cubum autem in duos cubos, aut quadratoquadratum in duos quadratoquadratos, et generaliter nullam in infinitum ultra quadratum potestatem in duos eiusdem nominis fas est dividere cuius rei demonstrationem mirabilem sane detexi. Hanc marginis exiguitas non caperet.Es imposible descomponer un cubo en dos cubos, un bicuadrado en dos bicuadrados, y en general, una potencia cualquiera, aparte del cuadrado, en dos potencias del mismo exponente. He encontrado una demostración realmente admirable, pero el margen del libro es muy pequeño para exponerla.
Pierre de Fermat.

Milagro


Buscando una orilla voy
El margen que habito entero
De precipicios y amor
Se fue vistiendo el invierno
Amable desilusión
Que acompañó nuestro sueño
La espera nos reveló
Lo inabarcable del tiempo
Perfume que desprendió
La rosa de algún desierto.

martes, 12 de marzo de 2013

Encuentro con la Calma

Encuentro calma en mi balcón
En una caminata sin rumbo donde el paso me interpela
En la amistad de los pájaros y los árboles
En algún verso, alguna melodía
En mi guitarra cuando se hace de noche
En sus ojos y en el cielo.

No entiendo a los pretenciosos
Con sus vagas ideas, sus placeres
Derrochando lujos en sus copas caras
Cargando con la preocupación de la apariencia.
No los entiendo, pero los respeto
Quizás tan solo aspiren como yo
A encontrar la gracia de la calma.

Rock and Roll



Miradas cómplices que atraviesan años. La copa alzada, siempre brindando. Un Fa# m empuñando la guitarra. Dylan desde el cuadro rezando la velada...
 Espero siempre volver y encontrarlos ahí, como esta imagen detenida que en vano intento explicar. Porque lo que uno siente, no siempre tiene explicación.
Gracias     

Tiempos de Desconfianza

   Es una experiencia impactante entrar a cualquier sitio en donde un grupo de gente se encuentre de manera circunstancial y percibir una poderosa energía dueña del ambiente. Una energía presente que moldea nuestras conductas y comportamientos, conduciéndonos a actuar de determinadas maneras que tienden a ensimismar nos. Estoy haciendo mención específicamente sobre lugares que nos reúnen cotidianamente y en donde se nos impone la presencia de un otro. Lugares como transportes públicos, la vía pública, negocios, etc. que a diario frecuentamos para cumplir con fines específicos de nuestras rutinas diaria.
   En primer lugar es evidente haciendo una observación que roza la generalización, que no somos capaces de advertir la presencia de otras personas, porque no somos capaces de establecer contacto alguno con ese otro desconocido. Nos encontramos sí, frecuentemente entablando contactos con "otros" que se nos presentan significantes, pero que no comparten el mismo lugar y que permanecen lejanos en términos físicos o geográficos, con quienes estamos conectados con el uso de celulares, notebook, iphone, tablets, etc. El uso de aparatos tecnológicos nos aplaca de cierta forma los sentidos y esto no nos permite estar atentos a cualquier eventualidad que se presente en el entorno donde en ese momento nos encontramos. Todo esto nos encierra en nosotros mismos y nos limita a cualquier posibilidad de contacto con ese otro anónimo insignificante, por ejemplo a cualquier ayuda que alguien pueda necesitar.
   En segundo lugar, este hecho es una constante que se presenta sobre todo en el marco de los grandes centros urbanos, como el caso por ejemplo de Capital Federal. Va a ser difícil para mi olvidar la experiencia que una tarde viví al subirme a un colectivo de linea en la ciudad de Colonia Uruguay y ver como cada persona que entraba saludaba atenta al chofer, que le cobraba el boleto, y luego saludaba una por una a todas las personas que se encontraban viajando dentro del colectivo. Como de alguna forma estableciendo un vínculo instantáneo, diminuto, pero de una humanidad extrema con el otro.
   Por otra parte, es posible afirmar que todo cuerpo puede ser leído como desprendido de una individualidad y conformado como cuerpo social. Es decir, que el lenguaje que percibimos en gestos, expresiones, posturas en los distintos cuerpos que visualizamos, puede estar indicándonos un hecho que se impone a la individualidad. No son solamente cuestiones biológicas, sino pre figuraciones que exceden lo individual y que nos hablan en términos sociales. Es impactante entrar a un Subte y encontrar dentro gente en posturas aferradas a sus pertenencias, controlando permanentemente sus objetos, y lanzando miradas de control hacia todo lo que lo rodea. Es realmente sorprendente observar tanta gente y casi ningún diálogo, apenas algún saludo, una queja compartida, o un comentario del clima.
   Estamos ante una especia de energía que podemos denominar como Desconfianza, que como un hecho social nos rebalsa en tanto individuos. Es decir, pienso que no es algo que podamos cambiar o re direccionar de manera individual. Es muy interesante realizar el ejercicio de extrañarse y poder captar como en diferentes circunstancias nos encontramos arrastrados por esa energía implacable y nos sorprenderá ver como en ese "otro" anónimo, encontramos a un enemigo, la encarnación de un peligro que puede atentar contra nuestra individualidad.          

domingo, 10 de marzo de 2013

Sobre el tiempo social, la naturaleza y los "otros".

Hay una vida secreta en las cosas. Ciertos códigos, lenguajes, multiplicidad de expresiones que se nos vuelven indescifrables por la incapacidad que padecemos, cada vez más pronunciada, de detenernos. Es un problema de ritmos y velocidades el que nos acecha. A pasos agigantados nos fuimos desprendiendo de los ritmos que reinan en la naturaleza. Existe por sobre el tiempo y el espacio, un tiempo y un espacio social que se fué elaborando y desarrollando con el proceso irreversible del pensamiento humano. De esta manera, distintos artefactos tecnológicos e ideas fueron precisando y moldeando nuestros concepciones internas del tiempo y del espacio a través de los años de manera no uniforme pero si constante, influyeron artefactos como por ejemplo relojes, cronómetros, celulares, GPS, etc. Así, las percepciones van cambiando y por mencionar un ejemplo, con las últimas aplicaciones en teléfonos celulares, es posible que otros sepan el lugar exacto en donde uno se encuentre y observar su actividad, en que lugar come, donde pasea, su lugar de trabajo, etc. Sería un grave error pensar estas nuevas tecnologías como simples utilidades o herramientas de uso que favorecen un progreso que nos arrastra hacia una indudable mejor calidad de vida. Todo este mundo que creamos, nos crea y nos moldea, estructura nuestras formas, posibilidades y capacidades de pensar. Un simple ejemplo prueba este hecho, si uno se acerca a dialogar de manera sensible y consciente con una persona de una generación distinta a la de uno mismo, podrá estar en presencia de una percepción diferente del tiempo y del espacio. Nos encontramos entonces ante una multiplicidad de espacios y de tiempos que conviven, de las cuales distintos grupos de personas experimentan y que se encuentran marcadas por una aproximación a elementos tecnológicos, experiencias comunes, etc. Sin embargo hay un elemento que prima en todas las percepciones sociales de tiempo y espacio, es justamente la cuestión de la velocidad. Si bien percibimos velocidades distintas, ninguna se asemeja a los tiempo que podemos presenciar que rigen en la naturaleza. Fuimos perdiendo contacto por la incapacidad de desacelerar el curso de nuestra vida cotidiana. No solo fuimos perdiendo contacto con la naturaleza, si no con "otros" como por ejemplo nuestros abuelos (tan importantes entorno a la vida cotidiana de comunidades llamadas "primitivas"), personas mayores con las cuales se nos dificulta muchísimo poder entablar relaciones.
   Si pudiéramos detenernos y contemplar, tener la capacidad de comprender y codificar distintos ritmos y espacialidades, no tengo dudas que existiría un contacto más humano en cada una de nuestras relaciones. Sea con otros seres humanos, así como con seres no humanos. Podríamos establecer un vinculo mucho más intenso de aprendizaje con la naturaleza si lográramos comprender que hay vida en cada una de las cosas que nos rodea. Apartándonos de la lógica prima de relaciones sujeto- objeto, encontraríamos en cada uno de nuestros contactos relaciones sociales y una pertenencia real a la naturaleza de la cual somos parte.