No se puede renegar más, no voy a gritar ante las risas, ni siquiera enojarme. Soy consciente que una voz no tapa los aplausos y este circo me repela. Nos deberíamos enojar con un gran numero de personas responsables y eso no tiene sentido, ya no me entretiene. No creo poder tener la facultad de culpar a nadie. Tampoco me interesan los eslogan que repiten "hay que luchar", "que se vayan todos" o tantas otras barbaridades, no les creo. ¿Luchar contra qué?. Hay que cuidarse, cuidar la salud que es un tesoro valioso, cuidar la cabeza. Saquemos de nuestro entorno la palabra "militar", militar por lo que sea. Destituyamos toda palabra de origen bélico que nos hace sentir revolucionarios. No entregar nuestros cuerpo a los juegos viciosos y violentos que atrapan. No hay que contestar, porque contestar es de cierta forma asentir. Acá no hay guerras. Tenemos un repertorio extenso de la humanidad a nuestra disposición que nos debería dejar en claro que la sangre de nadie sirve para algo.
Quizás si nos pudiéramos dar cuenta del lugar que nos queda habría esperanzas. Creo en la potencialidad de esos espacios marginales y acotados: de las aulas y los bares, los cafés y los teatros, las bibliotecas y los parques. Porque si es imposible pensarse por fuera de las relaciones de poder que nos normalizan y nos constituyen, al menos creer que si el poder es una red de donde se estire se va a mover. Estoy convencido que va a temblar. De lo que se trata es de demorar las afecciones de poder, impedirlas y retenerlas de cierta forma que nos permitan crear. Crear modos de vida, formas de pensar, fortalezas sanas. Las ideas son las armas en potencia que molestan y nos permiten generar algún sentido más allá de la nada, del vacío o de lo que nos dictan. Entonces creo que resistir es demorar y dar un paso es pensar. Pensarse y crearse. El acto creativo es un acto de minorías, casi oculto, pero de un lenguaje potente. No hay creatividad alguna en las masas, en absoluto, solo aplausos, obediencias y repetición. El arte es el lenguaje que no debe entrar en las lógicas de producción y caer al servicio del mercado. Una canción que se somete termina siendo como un Jeans que se produce en base a la aceptación de un otro, se decora y se instala temporalmente hasta que viene otra y esta queda obsoleta. Quiero decir que no sirve para nada, solo sacia el gusto momentáneo de la misma manera que tener el último blackberry nos genera felicidad. Celebro el teatro cuando se compone de cuerpos pasionales en acción desafiando con el lenguaje al propio lenguaje, quebrando sentidos, limando los barrotes de la jaula. La filosofía nos debe guiar, ser la madre de los huérfanos, de los ocultos, de los poetas, los locos, los apasionados. Hay que estar un poco loco, es necesario para poder resistir y aislarse de la tortura que nos amasa.
Entonces encontrémonos. Seamos desobedientes del aislamiento y del auto-control que nos retiene y nos mantiene tontos y calmos enchufados a las máquinas. Debemos afectarnos con palabras que nos provoquen discusiones, incomodidades y distancias que nos inviten a pensar. El afuera esta adentro de nosotros. Las ideas son como una gran fiesta a la cual estamos invitados a bailar. Y aunque nos amenacen con cortarnos la luz, no se suspende señores, bailaremos en la oscuridad.
