sábado, 12 de febrero de 2011

Palabras

"No tener maestro es no tener a quien preguntar
y más hondamente aún,
es no tener ante quien preguntarse".
Maria Zambrano
Pienso en las palabras que Rousseau les dirige a los honorables y soberanos señores de la República de Ginebra. Transito ese fragmento que guardo en mi, aquel que dice: "...es difícil que una educación en la cual el corazón tomó parte, permanezca perdida para siempre". Rousseau hablaba de su padre. Lo ponía en escena ante todos, no como un genio, un iluminado de la época, un hombre de letras como todos ellos. Lo recordaba como alguien que ejerció su respetable oficio y le enseñó la vida, la vida misma. Cuanto le debemos a nuestros padres. Pienso en la educación, tan pisoteada en estos días, y no puedo dejar de imaginarme a todos esos maestros rurales que recorren largos caminos para llegar a la escuela, a los apasionados, a todos los grandes profesores que tuve la suerte de conocer dentro y fuera de las aulas. A mis abuelos, a mis amigos que tanto me enseñan. Son todos ellos en quienes hoy pienso y me hacen creer, que no existe la posibilidad de una educación sin amor.

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