domingo, 10 de marzo de 2013

Sobre el tiempo social, la naturaleza y los "otros".

Hay una vida secreta en las cosas. Ciertos códigos, lenguajes, multiplicidad de expresiones que se nos vuelven indescifrables por la incapacidad que padecemos, cada vez más pronunciada, de detenernos. Es un problema de ritmos y velocidades el que nos acecha. A pasos agigantados nos fuimos desprendiendo de los ritmos que reinan en la naturaleza. Existe por sobre el tiempo y el espacio, un tiempo y un espacio social que se fué elaborando y desarrollando con el proceso irreversible del pensamiento humano. De esta manera, distintos artefactos tecnológicos e ideas fueron precisando y moldeando nuestros concepciones internas del tiempo y del espacio a través de los años de manera no uniforme pero si constante, influyeron artefactos como por ejemplo relojes, cronómetros, celulares, GPS, etc. Así, las percepciones van cambiando y por mencionar un ejemplo, con las últimas aplicaciones en teléfonos celulares, es posible que otros sepan el lugar exacto en donde uno se encuentre y observar su actividad, en que lugar come, donde pasea, su lugar de trabajo, etc. Sería un grave error pensar estas nuevas tecnologías como simples utilidades o herramientas de uso que favorecen un progreso que nos arrastra hacia una indudable mejor calidad de vida. Todo este mundo que creamos, nos crea y nos moldea, estructura nuestras formas, posibilidades y capacidades de pensar. Un simple ejemplo prueba este hecho, si uno se acerca a dialogar de manera sensible y consciente con una persona de una generación distinta a la de uno mismo, podrá estar en presencia de una percepción diferente del tiempo y del espacio. Nos encontramos entonces ante una multiplicidad de espacios y de tiempos que conviven, de las cuales distintos grupos de personas experimentan y que se encuentran marcadas por una aproximación a elementos tecnológicos, experiencias comunes, etc. Sin embargo hay un elemento que prima en todas las percepciones sociales de tiempo y espacio, es justamente la cuestión de la velocidad. Si bien percibimos velocidades distintas, ninguna se asemeja a los tiempo que podemos presenciar que rigen en la naturaleza. Fuimos perdiendo contacto por la incapacidad de desacelerar el curso de nuestra vida cotidiana. No solo fuimos perdiendo contacto con la naturaleza, si no con "otros" como por ejemplo nuestros abuelos (tan importantes entorno a la vida cotidiana de comunidades llamadas "primitivas"), personas mayores con las cuales se nos dificulta muchísimo poder entablar relaciones.
   Si pudiéramos detenernos y contemplar, tener la capacidad de comprender y codificar distintos ritmos y espacialidades, no tengo dudas que existiría un contacto más humano en cada una de nuestras relaciones. Sea con otros seres humanos, así como con seres no humanos. Podríamos establecer un vinculo mucho más intenso de aprendizaje con la naturaleza si lográramos comprender que hay vida en cada una de las cosas que nos rodea. Apartándonos de la lógica prima de relaciones sujeto- objeto, encontraríamos en cada uno de nuestros contactos relaciones sociales y una pertenencia real a la naturaleza de la cual somos parte.

2 comentarios:

  1. Me encanta lo que decís, es lo que vivimos todos y muy pocos perciben, yo agregaría (con todo respeto) que incluso perdemos la conexión con nosotros mismos, como individuos parte de esa naturaleza y como seres humanos. Vos tenés tu ¨Encuentro con la calma¨, pero la mayoría de la gente, no. Por eso tantas frustraciones, violencias y falta de rumbo de este tiempo...

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  2. Coincido plenamente con tu aporte. Entiendo que el encuentro con uno mismo puede tomar formas y caminos distintos, comprendo una posibilidad en encontrarse y reconocerse en los otros. Por esto creo fundamental recuperar cuanto de humano hayamos perdido en nuestras relaciones sociales. Agradezco enormemente tus palabras.
    Vaya un abrazo
    Danilo

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