Supe que vivió
interminables pasillos oscuros, ficticios y adictos,
a donde un sueño imposible lo llevó.
En donde no es de día ni de noche
y los árboles y las ideas no envejecen.
Desde entonces sabe pasearse
ante las frías narices del mundo que lo engendró.
Hijo de un tiempo y una estructura
(inconsciente y universal como quiso Lévi-Strauss).
De la que supo escaparse antes del derrumbe.
Hoy solo extraña el perfume de su barrio,
los liquidámbares en otoño
y el amor de unas pocas personas.
Porque para él todo el resto es miserable.
Supe que vivió y no puedo decir mucho más.
Fui un testigo imparcial de su juicio y de su muerte
y a las palabras que adornan este sueño, solo quisiera creerles.
martes, 25 de octubre de 2011
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