lunes, 11 de abril de 2011

Bar

Una copa cae y se hace pedazos,
sobre la escalera de un viejo bar
que guarda mil historias a la vuelta
y algunas verdades que importan.
Un murmullo de conversaciones
intenta ser más que la música incoherente.
El tiempo se detiene en el lugar
y las emociones juegan su papel.
Piernas que bailan un lento rock and roll,
cabezas que se sacuden olvidando todo
y codos que se gastan apoyados en la barra.
Un instante, una divina tregua.
Resuenan carcajadas que exageran alegría,
desde habitaciones con techos altos
que desprenden misterio.
En horas que hasta la luna se durmió,
nuestros sueños se desvelan
en una noche amable y solitaria.


(Para un bar de la calle Alsina)

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